la verdadera historia de Caperucita Roja y el lobo

La llamaban “Caperucita Roja” y le gustaba visitar a su abuela dos o tres veces a la semana, cuando regresaba de la universidad. Aquel día cogió la cesta con fruta pero olvidó ponerse su caperuza y se internó en el oscuro bosque.

Al cabo de diez minutos por el habitual sendero, se cruzó con un lobo. El animal huía despavorido y apenas prestó atención a Caperucita Roja. También se cruzó con un ciervo y un jabalí, todos huían aterrados.

Caperucita escuchó una detonación y cayó al suelo con el pecho destrozado. Lo último que vio fue a dos hombres con escopetas que corrían hacia ella y escuchó como uno decía: “Joder, la he confundido con una liebre, si hubiera llevado su caperuza roja…”aaa

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo microcuentos

the changeling

El siguiente relato está basado en hechos reales. Ocultamos la identidad de los protagonistas por expreso deseo de los mismos.

Una nueva mudanza en el mismo año sonaba poco agradable, pero no había otra opción. Empezar de nuevo era la única alternativa para tomar las riendas de una vida que llevaba demasiado tiempo torcida.

Apenas la primera caja de libros se acomodó en el nuevo salón, mi vecino del piso de arriba dejaba claro que le molaba saltar y gritar. -Como siempre hay fútbol- pensé- el partido debe estar interesante-.


El tercer o cuarto día me sorprendió, de nuevo en el salón, una espectacular feria de gritos, insultos y lo que parecía ser un llanto, de fondo, apagado. Esta situación me resultó muy desagradable pues, no queriendo pensar mal, el asunto invitaba a la sospecha.

Aquella tarde de domingo fue definitiva. Andaba leyendo en el lugar que había destinado a despacho personal, al final de un pasillo. El escándalo se había trasladado del salón aquí, como si me persiguiera en un intento de anular mi concentración.

Era la historia de siempre, insultos, gritos, golpes y un llanto de fondo. Determiné que, si en diez minutos, no cesaba el alboroto subiría a dar un toque de atención y despejar la duda sobre un posible caso de violencia doméstica. Soy cauto con este tema pues en el pasado metí la pata hasta el fondo en una situación similar.

Pero el tumulto cesó de repente y un silencio sepulcral se prolongó indefinidamente. No obstante, había decidido llamar al 016 para contar el caso y recibir consejo sobre cómo actuar ante una presunta situación de maltrato. Pronto supe que no sería necesario.

La mañana siguiente decidí comentar el tema a la única vecina con la que había tenido algún trato desde que llegué a la finca. Una señora tan mayor como lúcida y simpática. Y desde luego, la información fue reveladora, pues afirmó que en el piso de arriba no vivía nadie desde hacía más de un año.

aaa

3 comentarios

Archivado bajo relatos

un cuento de navidad

La oveja se sueña lechuga
que no necesita gritar
y el cordero lechal una estrella
imposible de atrapar.

En noche de hielo el gatito
con su ojo de cristal
rueda en bola de pelo
pues no despertará.

Entre las manos de un niño
repica una caja ciega
con alegres grititos y llantos
que en verano habrán crecido.

Veo humedad en sus ojos
y me dice que es la nieve
¡que juega con sus pestañas!
Ok, ok…

Cae la nieve en sus ojos
pero saber sabe y siente
que miles de flores marchitas
nacerán al despertar.

aaa

Deja un comentario

Archivado bajo microcuentos

el pendiente

De aquella última noche, tan sólo quedó un pequeño pendiente. Perdido entre sábanas acabó bajo un viejo mueblecito de aspecto rústico. Allí habitó unos años, en soledad, alimentándose del polvo que se acumulaba en rededor.

Durante ese tiempo escuchó numerosas conversaciones, sonidos de placer, algún llanto y también maldiciones. Cierta mañana un ojo de aspecto amenazante y juguetón lo descubrió. Una garra de uñas afiladas le sacó de su escondrijo y paseó por la casa. ¡Había cambiado mucho el mundo desde que se perdió allí debajo!

Tampoco reconoció a las personas que le cogieron cuando el gato se aburrió de darle golpecitos. – Me haré un broche con él, es muy bonito, seguro que me trae suerte -, dijo una mujer que lo observaba interesada. Y el broche que fue pendiente olvidó como había empezado todo. De  aquella última noche, ya no quedaba nada.aaa

Deja un comentario

Archivado bajo microcuentos

la noche más larga, historia de los ojos serenos

-¡Pobre Amalasunta!, hija de Teodorico, madre de reyes y reina en si misma… en esta noche morirá asesinada, a manos, nada menos, que de su primo y marido – se dice a sí misma mientras toma un último baño. Mientras ríe a carcajadas.

-Amalasunta, no verás el día. Piensa en tus actos y busca a Dios. No dejes que el pecado de la juventud te atormente en tu última noche. No dejes que él… ¡Oh, Treguilla!¡Mi amor… mi único amor! Treguilla… dulce estrella de mis sueños, alimento de mi deseo. No temo a la muerte pues es la puerta a tu regazo, a tus besos, a tu aliento…

Amalasunta, hija del gran Rey Ostrogodo, se casó en secreto con un esclavo de nombre Treguilla que fue ejecutado cuando la madre de ella los sorprendió yaciendo juntos. Aquel día la joven princesa comprendió dos cosas: las reglas del juego en un mundo de hombres y que sólo se vive una vez.

Dicen que Amalsunta recibió a sus asesinos desnuda, riendo y que los invitó a la ejecución. También cuentan que no pudieron sacarle un gesto de dolor, desesperación o miedo, como le hubiera gustado a su marido Teodato, instigador del crimen. Es normal…

Casiodoro me dijo y le creo, que ella jamás se arrepintió de sus actos en vida. Y ambos sabemos que ahora y para siempre, el que fuera dueño de los sueños de la joven princesa, de sus noches, el esclavo Treguilla, por fin será el príncipe eterno de su noche más larga.

AAA

Deja un comentario

Archivado bajo microcuentos